CLASE #13
CLASE #13
10/07/2019
Calentamiento
Retomamos el mismo calentamiento anterior, en el que probamos los diferentes apoyos que podemos tener en la planta de los pies. Cuando se cambia de apoyo y se sale del apoyo normal del cotidiano, el cuerpo cambia de postura y entra en un equilibrio precario. Las rodillas se flexionan, la espalda se arquea hacia atrás, los brazos y las manos se tensan. Bueno, al menos en mi caso, pero también les puede pasar a otros.
Comenzamos por mover los músculos del rostro para que se activen, haciendo toda clase de muecas y expresiones faciales. Luego, debíamos sostener una sola expresión, pero esto me fue muy difícil porque tenía mucho sueño y bostezaba a cada rato y no podía mantenerla. Afortunadamente luego se me quitó.
Trabajo en pareja
De nuevo, debíamos hacer un trabajo en pareja en el que debíamos imitar la expresión del compañero y viceversa. Esta vez, trabajé con Rubén y fue él quien más guió el ejercicio, yo imité sus expresiones faciales y corporales. Él lo hizo pocas veces conmigo. Fue interesante trabajar con él pues Rubén utiliza mucho su cuerpo y lo lleva a un gran riesgo, y esto constituye un gran reto para mí, pues me saca de mi zona de confort.
Trabajo con la máscara
Al principio, todos pensamos que íbamos a trabajar con nuestra propia máscara, pero luego nos sorprendímos cuando descubrimos que no sería así.
Yo tuve que trabajar con una máscara de perrito y eso condicionó mi siguiente trabajo. Cuando dejamos por un momento la máscara, y debíamos explorar la expresión que nos daba la máscara y pasarla al cuerpo, enseguida mi expresión fue de un animal canino. En principio, sus movimientos tenían la calidad de teclear, principalmente con la cabeza y la columna.
Pasado un corto tiempo de esta exploración sin máscara, tuve la gran necesidad de colocarme la máscara en el rostro. Cuando pudimos hacerlo, sentí que el personaje estaba completo. Se había creado un pastor alemán muy tierno, curioso y juguetón. La energía contraria que trabajé con este mismo personaje, fue con la calidad de retorcer, ahí en cambio se volvió un perro bravo y agresivo.
Aunque no teníamos la consigna, inevitablemente comenzamos a interactuar entre nosotros, y a este perro algunos lo querían acariciar y jugar con él, otros como que le tenían asco o fastidio y lo rechazaban. Había unos personajes miedosos de los que huía.
Trabajo en pareja con la máscara
Trabajé con Pamela, quien tenía una máscara de una mujer y su personaje era una mujer pomposo, alegre a quien le gusta estar de fiesta. Este personaje en principio tenía un ligero rechazo por el mío, el perro, pero luego se volvió más amigable con él. Cuando ambos recurrimos a la otra energía del personaje, ella se tornaba muy triste, y tenía una energía como de lodo, pero cuando se topada con el perro bravo y agresivo, se asustaba y su tono aumentó.
Luego supe que no era la mujer triste, si no que era un borrachito pidiendo caridad.
Hasta aquí mi entrada.
10/07/2019
Calentamiento
Retomamos el mismo calentamiento anterior, en el que probamos los diferentes apoyos que podemos tener en la planta de los pies. Cuando se cambia de apoyo y se sale del apoyo normal del cotidiano, el cuerpo cambia de postura y entra en un equilibrio precario. Las rodillas se flexionan, la espalda se arquea hacia atrás, los brazos y las manos se tensan. Bueno, al menos en mi caso, pero también les puede pasar a otros.
Comenzamos por mover los músculos del rostro para que se activen, haciendo toda clase de muecas y expresiones faciales. Luego, debíamos sostener una sola expresión, pero esto me fue muy difícil porque tenía mucho sueño y bostezaba a cada rato y no podía mantenerla. Afortunadamente luego se me quitó.
Trabajo en pareja
De nuevo, debíamos hacer un trabajo en pareja en el que debíamos imitar la expresión del compañero y viceversa. Esta vez, trabajé con Rubén y fue él quien más guió el ejercicio, yo imité sus expresiones faciales y corporales. Él lo hizo pocas veces conmigo. Fue interesante trabajar con él pues Rubén utiliza mucho su cuerpo y lo lleva a un gran riesgo, y esto constituye un gran reto para mí, pues me saca de mi zona de confort.
Trabajo con la máscara
Al principio, todos pensamos que íbamos a trabajar con nuestra propia máscara, pero luego nos sorprendímos cuando descubrimos que no sería así.
Yo tuve que trabajar con una máscara de perrito y eso condicionó mi siguiente trabajo. Cuando dejamos por un momento la máscara, y debíamos explorar la expresión que nos daba la máscara y pasarla al cuerpo, enseguida mi expresión fue de un animal canino. En principio, sus movimientos tenían la calidad de teclear, principalmente con la cabeza y la columna.
Pasado un corto tiempo de esta exploración sin máscara, tuve la gran necesidad de colocarme la máscara en el rostro. Cuando pudimos hacerlo, sentí que el personaje estaba completo. Se había creado un pastor alemán muy tierno, curioso y juguetón. La energía contraria que trabajé con este mismo personaje, fue con la calidad de retorcer, ahí en cambio se volvió un perro bravo y agresivo.
Aunque no teníamos la consigna, inevitablemente comenzamos a interactuar entre nosotros, y a este perro algunos lo querían acariciar y jugar con él, otros como que le tenían asco o fastidio y lo rechazaban. Había unos personajes miedosos de los que huía.
Trabajo en pareja con la máscara
Trabajé con Pamela, quien tenía una máscara de una mujer y su personaje era una mujer pomposo, alegre a quien le gusta estar de fiesta. Este personaje en principio tenía un ligero rechazo por el mío, el perro, pero luego se volvió más amigable con él. Cuando ambos recurrimos a la otra energía del personaje, ella se tornaba muy triste, y tenía una energía como de lodo, pero cuando se topada con el perro bravo y agresivo, se asustaba y su tono aumentó.
Luego supe que no era la mujer triste, si no que era un borrachito pidiendo caridad.
Hasta aquí mi entrada.
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